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Y me recreo en el gozo de tu piel, torso de hombre que me enerva. Y hasta la cúspide de tu cuerpo me encaramo. Y te muerdo el éxtasis despacio. Regalado tul ferviente y arropado, entre besos de seda y satén blanco. He perdido un beso en tu más hondo y he venido a buscarlo. Me he encontrado, prendida del deseo, enamorada, y me quiero así. Aferrada a tu carne, enhiesto y macho, agarrada a la aurora, en beso cálido. Amaneces y la noche es un presagio, ausente de temores y represiones, que se yergue en libertad y sed saciada. Perdiendo... Exiliando de mi piel que se sonroja, la timidez que no quiero y se enreda en tu boca, la respuesta de mujer que tú elegiste. Sedienta de tu amor fuerte y cercano, abrazada al presente de esta historia.

Elevarse... Como una pluma isada por el viento. Chispa de luz en la oscuridad, destello. Contagiosa emoción, entusiasmarse. Ilusionarse... Poner alas al pensamiento, surcando mares hacia tu destino. Llevando el timón con rumbo certero. ¡Alégrate! Alcanza la cúspide y despliega. Todo el colorido, todo el sabor, todo el tacto, todo el olor, todo el sonido que absorbe tus sentidos y rodea todo tu espacio.

Era practicamente la medianoche cuando me encontraba dormido, recuerdo que de pronto me sentí entre dormido y despierto y quise despertar, pero no podía.
Algo me jalaba hacia dentro de la cama y poco a poco sentía que me iba hunidiendo, mientras más trataba de levantarme más me hundía y de pronto sentí unas manos que me tomaban de los hombros jalandome hacia dentro de la cama.
No podía abrir los ojos ni podía hablar, entonces de pronto ya pude abrir los ojos y vi el techo de mi cuarto, sentía las manos que me jalaban y trataba de gritarle a mi mamá o a alguno de mi familia para que me ayudara.
Pero sucedió lo más horrible de toda la noche.
Asi sin poderme mover pude voltear y vi que una sombra pasó rapidamente por la ventana, de pronto sentí mucho frío y una ráfaga de aire entró.
Eso era imposible porque no tenía abierta la ventana, sin embargo la sentí.
Me encontraba desesperado y con mucho miedo, sentía esas horribles garras jalandome hacia la cama, no podía hablar ni moverme solo mirar como pasaban las cosas esa noche.
La sombra se proyecto por el techo y yo empecé a rezar, sentía que algo no estaba mal y sólo rogaba porque fuera lo que fuera no se apoderara de mi, la cama empezó a sacudirse como si alguien la estuviera empujando y yo rezaba aun con más fuerza, de pronto se escuchó un grito hueco, sonoro, muy grave... como si se fuera alejando, era como un quejido y lo acmpañaron otros quejidos como los que se ven en las peliculas de muertos.
Se alejaron y por fin pude moverme, mi cuerpo me dolía y estaba empapado en sudor y pronto descubrí que todo lo había soñado
Me levanté y fuí a la cocina a tomar un vaso de leche caliente, tratando de quitar de mi cabeza la terrible sensacion y la experiencia tan amarga que había vivido.
Ya más tarde regrese a la cama, sólo para escuchar una voz horrible que decía mi nombre, me levanté rápidamente y entonces descubrí algo que me dejó aterrado.
Alrededor de mi cama había tierra o ceniza, no lo sé, era un polvo oscuro que no sé de donde había salido.
Salté a la cama y comencé a rezar de nuevo, recuerdo que tenía lagrimas en los ojos y mucho miedo, las voces se escucharon de nuevo quejándose y yo deseaba que de nuevo fuera una pesadilla.
Me arrojé sobre la biblia que tenía guardada en un cajón y empecé a pedir porque no me pasara nada, luego escuché ruidos afuera y vi que la sombra se acercó a mi ventana.
Abrazé la biblia con todas mis fuerzas y oré como nunca.
Sonó un golpe seco y un grito y de pronto ya no se escuchó nada más. A lo lejos el perro de la casa vecina aullaba y todo volvió a la normalidad.
Al otro día me enteré que el perro había muerto en la noche y nunca supieron porque.

Una noche el típico joven salió de fiesta con sus amigos. Fue a la discoteca y en ella bebió como era habitual. Al coger el coche de camino a su casa tuvo un desagradable suceso: por el paso de cebra cruzó una mujer que iba con su perro. El coche del joven la atropelló destrozándola completamente. El perro, sin grandes daños, corrió calle abajo.
Ese joven estaba demasiado asustado y huyo despavorido en su coche. Eran las 4 de la mañana del día 15 de junio.
El joven intentó olvidarlo, pues nadie se enteró de lo ocurrido. Aunque estaba aterrorizado, lo consiguió olvidar con el tiempo.
Una noche, mientras el joven estaba en su casa viendo la tele oyó unos ladridos de perro. Ignoró a ese molesto animal. Los ladridos eran cada vez más fuertes y parecían que provenían del pasillo de su casa. El miedo recorrió todo su cuerpo, no tenía sentido. El joven se levantó lentamente y se acercó al pasillo.
Miró en la oscuridad, y no vio nada. El sonido ya había cesado. Cuando se dio la vuelta notó que algo le había rozado la pierna. El joven se apartó rápidamente y pudo apreciar la sombra de un perro pasando por su lado.
El joven pensó: "¿Cómo se supone que ha entrado un perro en mi casa?".
Se acercó hacia donde fue el perro y encendió la luz. En la puerta de su casa pudo observar a la mujer que atropelló colgada de un perchero. El cuerpo sin vida parecía que estaba en descomposición.
El chico cayó de espaldas desesperado por el miedo. Se levantó rápidamente y huyó de su casa. Bajó a la calle y al cruzar por la carretera fue atropellado por un coche. En sus últimos segundos de vida pudo apreciar un rostro humano que lo miraba de forma burlona. Al poco tiempo perdió la vida. Eran las cuatro de la mañana del día 15 de junio.

—¡Otra vez ese maldito columpio! —decía Harry siempre a la misma hora.
Se asomaba a la ventana y allí estaba, balanceándose a gran velocidad, como si alguien estuviese montado en él, pero, como era de esperar, no había nadie.
El columpio estaba colgado en una de las ramas de un sauce llorón seco del jardín y todas las noches a las once y media se movía solo y producía un terrible ruido que se escuchaba fuertemente, pero ese no sería tema de queja para los vecinos, pues la casa estaba sola en el monte.
Harry llevaba viviendo allí dos meses y ningún día había bajado a parar el columpio, ni tampoco había advertido a sus padres, pero él se imaginaba que ellos también lo oirían.
Un día, harto del ruido, bajó y lo paró. De repente, sus ojos se llenaron de lágrimas al ver un pequeño oso de peluche manchado de sangre seca: sus padres le habían contado que los anteriores dueños de la casa la habían tenido que venderla rápido y a bajo coste al morir el pequeño de la familia ahorcado por las cuerdas del columpio.
El columpio siguió balanceándose y sonando todas las noches a las once y media, pero Harry ya no lo escuchaba, pues en un ataque de histeria, un día, se arrancó las orejas.
La vi un minuto, rebosante, exultante, insultante.
Casi puede atraparte. Pero ya despojada de debilidades, la expulse sin rodeos de mi lado.
Critica es un veneno hacia la persona que ofende y hacia ti mismo.
Destruye los buenos sentimientos, la amistad y el compañerismo.
La critica nos atrapa en sus redes misteriosas. ¿Quien? ¿Por que? Y acabamos casi sin darnos cuentas criticando.
Es un cáncer, que se extiende entre todos.
A la larga finalmente te absorbe. Criticado o critico, apartamos los sentimientos mas nobles para acoger los mas traidores.
Y sin darnos cuenta no queda rastro de compasión hacia el otro, y algo sin importancia se convierte en un abismo.
Pasas tus manos
por el libro abierto
la última coma,
mi último verso.
Silbas mis palabras
y yo me estremezco,
tornado los ojos
me vas descubriendo.
Estás deshojando
el alma de mi cuerpo.
Vestida por fuera
desnuda por dentro.
Mi mejor suspiro
te lo trajo el verso.
Mi dolor callado
roza tus pupilas
y llega hasta ti
mi mayor anhelo.
¡Párate en el verso!
toca con tus dedos
mi único te quiero.
Escucha mi voz
que llega hasta tu oído,
has abierto puertas.
ya estás dentro
no pases la página
sin sentir mi aliento.
Ayer pude contemplarte
Bajaste los ojos y tras la abierta sonrisa
Escondiste tu secreto.
Desvelado misterio, alucinógeno luego,
En mi mano deshojo las sombras de un sueño.
Amargura y deleite confundido en tu beso.
Que me dio la nostalgia,
De un callado recuerdo.
Rodeándome ardiente,
Apretándome luego.
En el crepúsculo tibio,
Te robaré el secreto
Atrapado en tu boca.
Silenciandome cuando me llamas
Sin nombrarme siquiera.
Callándote mi nombre,
Cuando sueñas despierto.
Y nació Manuela.
Tan pequeñita y tan inmensa, que se inundo todo el espacio.
Sus deditos chiquitos, sus ojos celestes, radiantes como puesta de sol.
Manuela, lloró en el vientre de su madre, tendrá gracia dijo su padre.
Y contó no se que chascarrillo de esos que el sabia hacer.
Estrechada en los brazos de su madre amamantándose, Manuela
estrena su primer acontecimiento.
Y se crió en libertad de pájaro, en la huerta, por aquellos prados.
Como mariposa alegre, en su ámbito, en intimo contacto con el mismísimo origen del todo absoluto, en la naturaleza.
Explosión de colores, renacer continuo, aromas milenarios, hierbabuena y poleo, tierra mojada, campo...
Primeros pasos...
Desnudos los pies por la tierra, se pueden hundir una y otra vez en ella.
A pasitos cortos los primeros pasos de Manuela. Entre sus deditos se desliza en cosquilleos atravesando resbalada por su piel.
Los brotes nuevos, mas verdes que imposible haberlos visto alguna vez así, parecen brillar y se yerguen al pisarlos. Cuanta hermosura, mil deleites confundidos la mecen y a su madre una sonrisa regala.
El crepúsculo la tarde esquiva.
Despertó al mundo y vio la rosa.
La rosa fragante, en todo su esplendor, puede tocarla.
La niña extasiada la mira. Sus pétalos suaves, casi rozándola.
Los deditos temblorosos para no lastimarla.
Se le escapa la risa del labio alegre. Infinito júbilo.
Mi niña aprende.
El pájaro...
Bordea la ribera como quien juega. Pequeño y frágil, gigante en hermosura.
Parece que se posa y saltarín picotea al insecto desafortunado que se cruza.
Vuelve a retomar el vuelo henchido en sublime algarabía.
¡El azul, el verde, el ocre! Como la hierva del ocaso, el cielo...
Grana y oro se torna el horizonte y en su vuelo alcanza la cúspide inmediata del gozo.
Se acerca a árbol y meciéndose en sus ramas una musiquilla alegre de gaviota, riachuelo, mariposa, todos como en orquestal movimiento sonoro, transporta su espíritu al glorioso éxtasis.
La arboleda.
Acariciada por una brisa matutina regala a su vez la frescura del rocío
salpicada en sus ramas. Y la verde hoja con gotitas chispeantes,
sorprende como un milagro.
Cuanta luz desbordada acontece y mil olores silvestres,
romero, tomillo y jara invaden el espacio.
Mecidos en acompasado vaivén los árboles danzan al viento y parecen reír en sonora carcajada, que resuma por sus ramas y queda en el eco perpetuando el movimiento.
Se puede divisar el camino contoneándose tras la montaña y una mariposa llena de colores: naranja, gris, marrón, me entrega su belleza que a la vista luce hermosa y única.
Donde se dirige el riachuelo encandilada y traviesa, parece feliz como espectadora y protagonista.
En un marco incomparable se confunde el horizonte en su vuelo inquieto.
Y otras mariposas irrumpen etéreas y livianas, fundiéndose en un mismo universo.
Cuanta belleza reciproca en constante devenir. Derramándose por sus ojos acierta a colarse en su espíritu y besarle profunda y hondamente hasta entregarse enamorado y vencido.
Se escucha, a lo lejos, su vocecita dulce con acento triguereño.
Los trinos de un jilguero se entrelazan como si hablaran con Manuela.
Magnificas notas soñadas, música increíble, invade hasta lo mas profundo, rebozando armonía.
Un airecillo se entretiene con su pelo y le hace cosquillas en su carita.
Manuela lo aprieta en sus manitas como queriéndolo coger.
¡Mama, no puedo sostenerlo!
Pero invisible ofrece su caricia, ella le arrastra con sus deditos detrás de su oreja y de nuevo vuelve a su boca y a sus ojos como brisa juguetona.
Tanto regalos a los sentidos se diría que rinden homenaje cuando le contemplas.
Eternidades, crepúsculo que resplandece brillante y etéreo.
Quebradizo el pecho por tanta emoción casi se puede escapar una lágrima.
La nubes toman formas, una muñeca, un barco. Tumbada en la hierba,
mirando el cielo mi niña Manuela puede ver siluetas.
Allí entre las florecillas, con su piel canela de sol curtida, los ojos se le cierran y mil lucecitas destelleantes hacen acto de presencia.
Los rayos del sol invitan a un agradable calorcito.
Manuela se incorpora de un salto y dice ¡que alto es ese árbol!
Y se abraza a su tronco efusiva y risueña, se diría que es alguien muy querido.
El viejo almendro parece sentir su afecto y la niña sonríe feliz,
como si el abrazo le devolviera.
Rezumando savia por su tronco, casi se puede escuchar un gemido.
La hojas secas caídas crujen al pisarla y las semillas del mañana renacerán.
El otoño viste de nuevo el paisaje, resaltando toda su belleza en el ocaso.
Agridulce morir y renacer constante de la vida.
La muerte y la vida en su ciclo natural responden a tu pregunta.
¿Estas aquí Manuela? Yo también quiero quedarme en la huerta. El tomate rojo y maduro, la cebollita fresca. Los frutos que dieron sus semillas aun perduran.
Nada muere, la amapola, el limonero y hasta la noria.
¿Donde te has quedado Manuela?
No quieres marcharte, quedas atrapada. Regresas a casa.
Solo llega el alma, tu cuerpo se quedó en tierra, no quieres marcharte llena de nostalgia.
Al trotecillo alegre de la alegre alberca. Tu huerta destila aromas, flores del naranjo.
Y el almendro luce y el jazmín rebrota, aquí te quedas no puedes marcharte.
Y en tu alma el júbilo se recrea. En tu ansiado pueblo, tu amado trigueros.
Pasando por la Cruz de Elvira, cerca de la riberilla en tu añorada huerta.
Allí te quedaste para siempre abuela... Manuela.
Contra todo pronostico, contra todo designio. Lucha sigue tu camino.
Que firme sea tu paso por el sendero.
No tengas miedo "es tu deseo".
No sabes porque exactamente, pero te impulsa una fuerza superior y sigues en tu empeño.
Dejan de existir obstáculos. Que aunque estén, ya no puedes casi verlos.
La esperanza te ilusiona y chispea en tus ojos.
Y un saltarin corazón querer salirse de tu pecho.
No hay razón absoluta todo es relativo. Y la consecución culmina, ahí estas... puedes tocarlo, acariciado largamente por tu anhelo, ya lo rozas con tus manos... y todo es perfecto. Se desvanece las dudas. Lo correcto y lo imposible toma forma.
¡Ya lo has conseguido!
Visualiza en tu mente ese tiempo si aun no has llegado.
Y renueva tu ilusión rememorando, si lo alcanzaste.
Toma conciencia. ¡Disfrútalo es tu meta!

















